Bienvenidos al Portal Turístico, Cultural, Profesional y Comercial de Concepción del Uruguay | Entre Ríos
 
 
Daniel Dubini, 29 años, compositor y cantante.

¿Cuando aprendiste a cantar y a tocar la guitarra?

Aprender no, no aprendí nunca! (risas). Con la guitarra me acompaño en algunas canciones y a cantar me largue nomás. Unos amigos tenían una banda que se llamaba “Suma injuria” y entre a cantar rock and roll ahí, con temas propios. No teníamos siquiera bajo, era una batería, dos guitarras, yo que gritaba y un chico que tocaba el saxo. De a poco la banda se fue deformando, empecé a escribir algunas canciones y terminamos en lo que fue “La rocka”.

¿Cómo te fue con ese proyecto?

“La rocka” fue el único grupo de rock que tuve y duró muchos años. Nosotros tocamos en muchos lugares, viajamos y le pusimos mucho corazón. Hoy escucho a los chicos decir que no hay lugares para tocar, antes tampoco había. Conseguíamos un salón, invitábamos amigos, vendíamos cervezas y tocábamos. Lo importante era tocar. No se si es que no hay bandas, pero yo muero por salir el fin de semana a escuchar una banda de rock and roll y no hay. Siempre tocan los mismos, entre ellos yo.



¿Seguís componiendo?

Sí. Más que nada escribo poesías, y de ahí saco las letras. Quiero sacar mi cd pero, por croto o como quieras ponerle, todavía no lo he terminado. Pero las canciones están. No se si me gustaría tocarlas en vivo, antes quiero escucharlas grabadas a ver si me gusta lo que sale. Después veré.

¿Qué otra cosa te gustaría tocar?

Candombe. Me gustaría tener una banda que haga buen candombe, con mezcla de voces como el que hace Jaime (Ross). Me gusta mucho el folcklore, escucho todo el día a Los Olimareños y a José Larralde. Antes de empezar con lo de Sabina yo hacía eso.

¿Qué te dejó como enseñanza tocar en el tributo a Sabina?

Conocí mucha gente. Se me acercaron muchos gurises chicos que agradecen por hacerles conocer las canciones de Sabina. Mucha gente grande con la que dio para seguir compartiendo cosas.

¿Qué sacrificaste para seguir tocando?

Mucho, sobre todo tiempo. Tocar mucho de noche significa resignar otras cosas. Después dormís todo el día, te perdés de ver gente. Para tocar tres noches seguidas y andar como una lechuga tenés que ser un monje, hay gente que se pone freno, yo no lo tengo. Además el público va a ver el show y se prende de esa mística, del whisky y los cigarrillos. Van para divertirse, entonces toman, se sueltan, es difícil escaparse de esa.

¿Alguna anéctdota para compartir?

Una noche de mucha lluvia fuimos a tocar a Mercedes, República Oriental del Uruguay. En la aduana llenamos el formulario con todos los instrumentos de la banda y nos dicen que no podíamos pasar con nada de eso, ningún instrumento musical. Ya era tarde, llamamos al dueño del lugar al que íbamos y nos dice “vénganse de alguna manera, sin instrume
ntos, que los conseguimos acá. Lo único que no tengo es un acordeón”. Le preguntamos al señor de la aduana si podíamos pasar con el acordeón y no dice “ah, el acordeón sí” ¿por qué el acordeón si y las guitarras no? Tocamos con todo prestado, la noche estuvo fantástica. A la vuelta pierdo el documento, y cuando paso por la aduana nadie me pregunta nada. Nunca sabremos que pasó, pero controlan poquito los muchachos.
Te contaría otras más, pero ya empiezo a prender fuego a algunos.


 
Nota: José Maher
Fotos: Mario Bottarlini y Gabriel Blanchet

VOLVER A INDICE DE ENTREVISTAS